7 may. 2011

"Un diagnóstico que no busca las causas del problema"


Reproduzco aquí una parte del texto de tres integrantes de la UACM que publica La Lonchería titulado Sobre la situación de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, relacionado con el diagnóstico de la rectora.

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La UACM requiere, por supuesto, de una revisión, y de hecho, en varios de los talleres que con motivo del Congreso General Universitario se han realizado se concluyó la necesidad de hacer un diagnóstico completo. Por otra parte, el Consejo Universitario, en respuesta al desplegado de la Dra. Orozco, planteó como medidas la elaboración de un diagnóstico “amplio y participativo” y la conformación de una comisión plural, no sólo del CU y no sólo de la UACM, para que reúna ése y todos los que se hayan hecho, los confronte y los analice. Ello da cuenta de que los universitarios no estamos negados a la autocrítica ni a que exista un ejercicio de transparencia institucional.

Es que, por el contrario, nombrar a la Universidad como “fraude” o “pantano” no constituye una crítica concreta basada en hechos y, por ello, no nos permite, como objeto de sus acusaciones, establecer principios para el diálogo, la discusión y la contra-argumentación. La Dra. Orozco habla de “culpables” y de “castigo” para quienes sean responsables de ese “fraude” y de la “intencionada” falta de normatividad.

En este punto la Dra. omite que ella fue parte del Consejo Asesor de la UACM por 9 años, órgano que estaba encargado de dotarle normatividad a la institución y que contamos con instancias normativas de las cuales ella se ha desapegado, por ejemplo, al desacatar los mandatos del CU en relación a sus comunicados públicos. Plantear la situación en esos términos, no es hacer un diagnóstico, sino una acusación (una, por cierto, muy grave) que además, se hace sin pruebas. El Coeficiente de Desempeño Académico de los estudiantes es producto de una realidad compleja que la Doctora simplemente ignora o que prefiere omitir. Esa realidad implica el rezago educativo a nivel básico y medio superior que la UACM recibe en crudo semestre tras semestre y que, desde nuestro modelo educativo, debe ser atendida y resarcida antes de otorgar títulos a destajo.

Además, el espacio para encontrar las raíces de los problemas y sus soluciones no es la prensa, tampoco la Asamblea Legislativa; es la universidad, a través de sus propios órganos de gobierno, quien debe ser capaz de diagnosticar y brindar soluciones oportunas y adecuadas a aquellas problemáticas inherentes a su funcionamiento, sin ser ajenos a la responsabilidad social de nuestra institución. La rectora no ha explicado ante ningún medio de comunicación que el máximo órgano de gobierno en la UACM es el CU y que es a éste, en primera instancia, a quien debe informar y responder clara y oportunamente.

En los últimos días se han publicado varios artículos que coinciden en que detrás de las declaraciones de la rectora y de aquellos que ahora piden su renuncia hay dos proyectos educativos distintos: uno, convencional, que busca la competitividad, y otro que pretende establecer una lógica distinta, donde se privilegie el gusto por el conocimiento por encima de su “utilidad”.

Discusión que es necesaria e interesante, pero que debe darse en el Congreso General Universitario, en las aulas, en las sesiones del pleno del Consejo Universitario, no en entrevistas en los periódicos y en la televisión, no a través de desplegados que privilegian el punto de vista de quien escribe y que no posibilitan el diálogo.

Por otro lado, es de notar que algunos analistas no se dan cuenta que el supuesto diagnóstico sólo mide una cosa: la velocidad con la que los estudiantes se titulan. Nada más. No hay datos duros sobre las causas. El Coeficiente de Desempeño Académico ha sido interpretado fuera de contexto por algunos críticos y eso ha impactado negativamente en los estudiantes y en sus familias, pues ha generado confusión en torno al quehacer, al rendimiento y a la calidad de académica del estudiantado.

El coeficiente, además, no se ciñe a los criterios de evaluación con los que otras universidades analizan la eficiencia terminal. (De acuerdo a la SEP, la eficiencia terminal corresponde a la relación porcentual entre los egresados de un nivel educativo dado y el número de estudiantes que ingresaron al primer grado de este nivel educativo n años antes). De esta manera, el coeficiente por sí mismo no es confiable, ya que no es propiamente un estudio de cohorte y no toma en cuenta que en los primeros seis años de una institución educativa no es posible contar con titulados. El coeficiente tampoco considera que no es factible equiparar el número de titulados de las primeras generaciones con respecto a las últimas, simplemente porque hace nueve años, la UACM solamente contaba con dos planteles pequeños en los que ingresó un número limitado de estudiantes.

Estamos de acuerdo en que los datos no mienten, pero los datos nacionales nos trascienden; así pues, los críticos no pueden obviar que por cada 100 mexicanos que entran a la primaria sólo 25 concluyen estudios de licenciatura y, de éstos, solamente el 10% logra titularse alrededor de los 6 años de su ingreso.

Además, entre las diferentes opiniones, nadie ha advertido que la Doctora es imprecisa en sus cifras: ella consigna “47 titulados” en 9 años. Los datos que la Coordinación de Certificación y Registro entregó al cambio de la rectoría dicen algo distinto. Para abril de 2010, había 81 titulados (entre licenciatura y posgrado) y 313 estudiantes con los créditos completos. Así que los 400 titulados que la Doctora propone, a un año, no es nada que las cifras no permitieran cuando ella llegó.

Si bien la UACM es una institución joven que tiene mucho que mejorar y ajustar, no es de ninguna manera aquello que la Doctora Orozco enuncia. Hay que preguntarse qué hay detrás de un diagnóstico que sólo toma en cuenta un indicador, que no busca las causas del problema y que no es claro en las soluciones propuestas. Hay que preguntarse qué hay detrás de mostrar esas cifras a la opinión pública antes que permitirle a la comunidad analizarlas y proponer soluciones.

En adelante, consideramos esencial que la discusión sobre nuestra universidad se centre en argumentos fundamentados, en información verídica, en datos confiables y no solamente en opiniones descontextualizadas e irresponsables. A 10 años de su creación, la UACM tiene que recordar los principios que le dieron origen: la docencia, la investigación, la difusión, la extensión y la cooperación; sirvan éstos de base para la reconstrucción del diálogo universitario.

Leonel Arreola Medina
Juan Manuel Mendoza Rodríguez
Alejandra Rivera Quintero
(Miembros de la UACM)
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