18 oct. 2011

Notas para una asamblea en Casa Libertad


Hoy fue difícil caminar por el plantel, mi casa, de donde he dicho “si me gusta vivir”, casa libertad. El “conflicto”, como muchos le llaman, ha llegado a un punto límite; ese borde, ese abismo al que una comunidad es de pronto arrojada para saltar a la nada, y en ese salto pulverizarse o volver sobre su parte más frágil e intangible para rehacerse. El cuerpo sabe, y el mío hoy caminó temeroso por los pasillos y las escaleras del espacio al que mi esperanza se ha pegado los últimos años de mi vida para compartir sueños. Ahí la herida parece momentáneamente tocar justo lo más vulnerable. Tal vez por ello me reconocí rebelde, insatisfecho, molesto. 

Ya antes me han estado preguntando de qué lado estoy, a qué anti o a qué contra me adhiero, pero hoy no había nadie en particular, era el edificio todo el que me cuestionaba con sus paredes llenas de signos, sus carteles acusantes, sus muros mudos testigos me señalaban. Poco a poco fui encontrando a los otros, hablando, dejándome sentir mis sentimientos, expresando, externando. 

No se puede vivir así. “Ya vio profe lo que dicen de…”, “Esos hijos de la tal por cual…”, “Con todo su cinismo…” “Debemos luchar por…” Mientras una marea de fuego se vuelve mi dentro. Y me fugué, volé fuera antes de que, demasiado tarde para reaccionar, el engrane de los acontecimientos me arrastrará hacia el odio y lo que le sigue. 

Hablo a los y las estudiantes, a los que conozco, conocí y conoceré, a los que han dado el paso mortal a otro futuro, dar su mejor y más peligrosa apuesta, quienes han decidido esa candente fuerza que a falta de palabras más precisas llamamos superación personal, educación. Hablo a los profesores y profesoras que han mudado su casa de estudios a la UACM no para enseñar, sino para aprender y ayudar un poco a imaginar otra educación, una que aún no existe, aquella que vislumbran los útopicos, los necios soñadores, los freires cotidianos de toda Latinoamérica. Hablo también a los colegas trabajadores de todas las oficinas desde la biblioteca hasta la no menos digna labor de intendencia.

Las palabras están ahora cargadas, violentadas, pero como son mudas ellas no se quejan. Todos los que hablan quieren decir qué es la verdad a los demás (qué es lo correcto, lo bueno y lo justo), pero nadie quiere escuchar, nadie se detiene a reconocerse. El lenguaje está reducido a ciertas acciones del habla que paradójicamente lo amordazan: acusar e insultar. Y de a poco el lenguaje modifica la inteligencia colectiva. En lugar de enriquecernos, en lugar de mostrarnos las posibilidades que no vemos a simple vista, de explorar otras salidas, nos encierra en callejones, o peor en trincheras de guerra. Una guerra que nadie ha pedido, que a nadie le sirve. 

Emiliano, me dicen, no puedes ser tan ingenuo y obviar que aquí “hay intereses externos”, “manipulaciones partidistas”, “grupos que por detrás buscan el poder”. (Ja, cómo al quitar a quién van dirigidas esas acusaciones resultan iguales las antis y los pros) Pues nunca me gustó Maquiavelo, tal vez porque es la única teoría que escucho –desde hace tanto. Me interesa el aquí y ahora, la política cotidiana que pregunta en los actos ¿De qué manera establecemos la confianza entre nosotros?




5 #UniversidadSinTraza: Notas para una asamblea en Casa Libertad Hoy fue difícil caminar por el plantel, mi casa, de donde he dicho “si me gusta vivir”, casa libertad. El “conflicto”, como muchos le ll...

3 comentarios:

  1. Un problema de esos momentos y esas situaciones son las emociones, se juega con eso y como no? Es imposible pensar con claridad cuando las emociones invaden el alma.

    ResponderEliminar
  2. de tiempo atrás, las definiciones parecen emergencias de la vida, posturas de silencios de otros espacios, miradas que ya no miran. De este o aquel lado, en cualquier extremo donde la razón a perdido voz, donde lo que quedan son sombras de lo que fue y ya no es.
    Ayer había que poner etiquetas, o eras indigente o eras otro, un aquel con el que nunca nos identificamos, una esperanza de mirar el mundo como el "cibernetico" dios (en minúsculas) y comandante supremo de una realidad, tal vez la más sencilla, sincera y honesta.
    Ayer fue la huelga de la UNAM, los espacios de psicología retumbaban voces alertando la confusión, pues los de izquierda eran de derecha y los de derecha, eran de derecha.
    Brindemos por la hibricidad de la razón y el amor, brindemos por caminar al lado no de los indignados sino de los indigentes, población vulnerada, de tiempo que nos trastoca las mirads de la realidad.

    ResponderEliminar
  3. Mi Chor, gracias por la palabra y el amor :*
    Si Manuel, quedé tras-tocado y sin retorno, brindemos!
    Gracias ambos por el acompañamiento, abrazos

    ResponderEliminar

Deja tú voz y/o tú link

< >